La guerra pasa factura a Bush
Tras las elecciones catalanas vuelve la incertidumbre sobre la estabilidad del Gobierno Zapatero. Toda la mani-obra de Zapatero con Mas en el trámite final de la Reforma del Estatut de Catalunya fue para poder deshacerse del apoyo parlamentario de ERC y empezar a contar con el voto sustitutivo de CiU. Así ocurrió en el primer trámite parlamentario de los Presupuestos Generales del estado (PGE): con ERC votando una enmienda a la totalidad y CiU uniéndose al Gobierno sin nada a cambio. CiU estaba dispuesto a prestar sus servicios al PSOE para recuperar el control del Gobierno de la Generalitat. Pero todo se frustró el día de las elecciones y los resultados electorales no dejaban espacio para la variable CiU-PSC a no ser por un haraquiri mayúsculo de los socialistas. Tras el anuncio del nuevo tripartito catalán y con CiU de nuevo en la oposición, sus máximos dirigen tes anunciaron que daban por finalizado todo apoyo parlamentario al Gobierno central.
En el trámite final de los PGE en el Congreso entra en escena la nueva realidad. NI ERC ni CiU votaban a favor de los mismos, permitiendo que pasasen con su abstención. La nueva realidad de apoyos parlamentarios de Zapa-tero es más débil que antes y con los acuerdos con ERC arreciarán las críticas desde el PP y dentro del mismo PSOE. Mientras ocurre esto, al Gobierno se le abren grietas en el "plan de paz" que ha diseñado para Euskadi.
Decíamos desde los inicios que el Gobierno iba a demorar y demorar cualquier medida por-que el tiempo juega a su favor y contra la izquierda abertzale. Esto está provocando la desesperación de la dirección de ETA (último comunicado y advertencias de que se puede romper la decisión de alto el fuego decidida) y en Batasuna, que ve cómo el gobierno habla de procesos de diálogo, cuando en realidad lo que se ve es que a través del poder judicial se golpea más duro si cabe contra los activistas detenidos. La sentencia de 12 años de cárcel a Dejuana por dos artículos de opinión en Gara es escandalosa y demuestra de un lado la instru-mentalización política de la justicia, y del otro que no hay margen para la negociación, que el Gobierno sólo deja margen para el acatamiento del marco jurídico del Estado. No hay más tiempo que perder, independientemente de la decisión de ETA de aceptar negociar armas por presos, es urgente impulsar un amplio movimiento estatal por el derecho de autodeterminación contra al Monarquía.
a derrota republicana en las elecciones de los EE.UU. aparece claramente como el resultado del fracaso de la ocupación militar de Irak. La caída fulminante de Cheney es su consecuencia lógica. Así pues, y aunque no ha caído el segundo dirigente del "trio de las Azores", su partido ha quedado del todo debilitado. Blair está también en un claro declive, aunque posiblemente consiga terminar su mandato como primer ministro británico.
Quienes provocaron la derrota electoral no fueron los demócratas, del mismo modo que no fue Zapatero quien determinó la derrota de Aznar, sino el movimiento de masas junto a la tenaz resistencia de los pueblos iraquí y palestino ante la ocupación.
Los demócratas en los EE.UU., como el PSOE en el estado español, se en-contraron la mayoría. Pero la política demócrata no difiere en lo sustancial de la republicana. No defienden un plan con fechas sobre la mesa para la retirada de las tropas de Irak.
Todo el recurso político de los demócratas vendría de conseguir una mayor impli-cación de tropas de otros estados a través de la ONU para minimizar las pérdidas, pero tampoco eso modifi-caría el desastre de la ocu-pación y la necesidad de encontrar una salida, porque lo que no quieren renunciar bajo ningún concepto es al control del petróleo iraquí.
También respecto a Pales-tina se ha especulado sobre el cambio hacia los demócratas si aun reforzaría más la dependencia-alianza con Israel por el tradicional apoyo demócrata del lobbi sionista, pero en realidad es difícil imaginar una política que tenga mayor complicidad y que lo justifique como han hecho los republicanos en estos años de gobierno Bush.
Si el pueblo americano, como consiguiera hace algo más de treinta años en Vietnam quiere imponer al Gobierno una salida de la guerra no será con los demócratas sino poniendose en marcha y saliendo masivamente a la calle, no hay otro camino.
| Lucha Internacionalista nº 75 noviembre 2006 |