Como en Francia ¡Paremos la reforma laboral!

 

La lucha de los estudiantes y trabajadores franceses ha demostrado una vez más que la movilización unida puede parar los planes del Gobierno. La retirada del CPE -aunque no del resto de la ley de "Igualdad de oportunidades"- es un triunfo importante. Francia está hoy en la vanguardia de la resistencia de trabajadores y jóvenes a los planes neoliberales de la UE y la burguesía. Lo fue con el No a la Constitución europea, que tras la repetición del resultado en Holanda dejó en vía muerta el texto. ¡Lástima que nuestro referéndum hubiera sido anterior al francés! Un poco de contagio hubiera sido necesario entonces y lo es hoy. La reforma laboral está a la vuelta de la esquina. Negociada casi en secreto entre Gobierno, patronal y sindicatos, los empresarios están a punto de avanzar un paso más hacia el despido libre y barato, esta vez desmantelando las garantías para el trabajador del contrato indefinido. Para completar el lote, los empresarios recibirán nuevas sumas y exenciones que saldrán de las arcas públicas o que dejarán de entrar en las de la Seguridad Social. En contrapartida la patronal volverá a comprometerse por enésima vez a reducir la contratación temporal, un compromiso que nunca ha cumplido como demuestran las estadísticas de contratación.
Los objetivos patronales no son distintos de los que representa la ley francesa y que han impulsado tantas reformas laborales: la burguesía está exigiendo la desregulación completa del mercado laboral y la liquidación de las conquistas obreras obtenidas en más de un siglo de luchas. La nueva Reforma Laboral que se prepara debe ser rechazada. Este 1º de mayo hay que salir a la calle para exigir la retirada de CCOO y UGT de una negociación de la que no hay mejora alguna para los trabajadores y pasar a organizar la movilización.

El alto el fuego permanente de ETA ha modificado el panorama político. De un lado facilita el diálogo y un nuevo proceso de aproximación entre trabajadores dentro del país vasco y entre los pueblos de todo el estado, quitando argumentos al Estado para mantener una represión permanente sobre el pueblo vasco y en particular sobre la izquierda abertzale.
Pero hay que constatar que al alto el fuego no se llega desde el fortalecimiento del movimiento de masas en Euskadi sino tras un largo proceso de aislamiento de la lucha del pueblo vasco, con manifestaciones de masas en todo el estado -incluida la propia Euskadi- como respuesta a las acciones de ETA que fueron utilizadas para imponer una escalada represiva sin precedentes en la Transición, y por el contrario, con movilizaciones de masas muy limitadas ante esas agresiones del Estado (ilegalización de Batasuna, cierres de Egin, detenciones masivas,…). Este proceso de aislamiento de la izquierda abertzale permitió al Estado, en colaboración estrecha con otros estados, éxitos policiales contra el aparato militar de ETA. A pesar de ello, la política del Gobierno Aznar de acabar por la vía represiva con ETA y el MLNV era inviable, y se demostró cuando, a pesar de los golpes recibidos, seguía teniendo capacidad de movilización y además con los resultados electorales de EHAK. El gran problema de la Monarquía no es que se mantengan algunas acciones armadas, de hecho el PP les ha sabido sacar un rendimiento político increíble, sino la existencia de centenares de miles de vascos y vascas que han rechazado la legitimidad de las instituciones monárquicas. El objetivo para el estado es pues -visto que no lo puede destruir- integrar el llamado Movimiento de Liberación Nacional Vasco (MLNV) en las instituciones.
Ahí llegó Zapatero aprovechando esa coyuntura para abrir contactos con ETA. El alto el fuego ha levantado amplias ilusiones en sectores populares del país vasco, unos cansados de la dinámica de acción-represión, otros pensando -como dicen los dirigentes abertzales- que estamos hoy más cerca que nunca de conseguir el derecho de autodeterminación del pueblo vasco. En el Aberri Eguna la defensa del derecho de los vascos/as a decidir y la reivindicación de la nación vasca ha sido el común denominador de los discursos desde LAB y ELA, de Batasuna al PNV, incluido EB. Pero era inevitable en los actos la referencia al resultado de la reforma del Estatut de Catalunya, texto que niega lo uno y lo otro. Es más, si uno de los centros de las reivindicaciones catalanas era la financiación, el País Vasco con el concierto está muy por encima de lo obtenido en la Moncloa. Así, pues ¿qué puede esperar el pueblo vasco de un nuevo proceso de negociación en Madrid? ¿Creen que el mismo Rubalcaba que ha conducido la negociación con los parlamentarios catalanes, van a dar a los vascos lo que han negado por activa y por pasiva a los catalanes? ¿Acaso Guerra, presidente de la comisión de reforma estatutaria que se jacta de haberse "cepillado" el texto del Parlament de Catalunya, va a aceptar otros contenidos para Euskadi? Porque llegados a este punto las ilusiones de hoy se van a volver desengaños mañana. El Gobierno ya prepara un largo camino, un camino que le permita rentabilizar electoralmente en las elecciones vascas y las generales el haber conseguido el alto el fuego de ETA.
Lo que hay que decir sin ambigüedades es que con la Monarquía no cabe ni el reconocimiento nacional de Euskadi ni Catalunya ni menos aún el derecho que les asiste como pueblos a decidir libre y democráticamente su futuro, el derecho de autodeterminación. Esta es la realidad que dicta los límites de toda negociación bajo este régiman. Es por ello que a 75 años de la caída del abuelo del actual rey, hay que decir con claridad que no hay camino para restablecer relaciones de libertad e igualdad entre los pueblos sin ruptura con la Monarquía. Esta es la tarea, levantar un amplio frente por el derecho de autodeterminación de los pueblos contra la Monarquía.

 

  Lucha Internacionalista nº 70 abril 2006