Monarquía NO, ¡República!
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Cronología de la II República | |
| Llegada de la II República. Fin de la monarquía Borbónica | ||
| La perspicacia de Trotsky en 1931 | ||
| Monarquía no. ¡República! | ||
| Hoy como ayer | ||
1930
28 de enero: Destitución de Primo de Rivera. El general Berenguer encargado
de formar gobierno.
17 de agosto: Firma del Pacto de San Sebastián entre diversos grupos
no monárquicos de oposición.
12 de diciembre: Sublevación en Jaca. Los oficiales Galán y García
Hernández proclaman la República.
14 de diciembre: Galán y García Hernández son fusilados.
En Madrid son detenidos varios miembros del Comité Revolucionario.
15 de diciembre: Sublevación republicana fracasada en el aeródromo
de Cuatro Vientos (Madrid)
1931
14 de febrero: Dimite el gobierno Berenguer.
18 de febrero: Aznar preside el nuevo gobierno.
12 de abril: Elecciones municipales. Victoria de las candidaturas republicanas.
14 de abril: Formación de un gobierno provisional republicano. Expatriación
del rey. Proclamación de la República en Madrid. En Barcelona,
Macià proclama la República Catalana.
10-11 de mayo: Disturbios e incendio de edificios religiosos en Madrid, Valencia
y otras ciudades.
14 de junio: Presentación del Estatuto de Estella, anteproyecto de Estatuto
de Autonomía para el País Vasco y Navarra.
28 de junio: Elecciones generales a Cortes Constituyentes
29 de junio: Azaña, ministro de la Guerra, decreta el cierre de la Academia
Militar de Zaragoza por considerarla antirrepublicana.
4 de julio: Huelga de la Telefónica (CNT).
20-27 de julio: Huelga general y ley marcial en Sevilla.
2 de agosto: Referéndum en Catalunya, favorable al Estatuto de Núria.
19 de noviembre: Alfonso XIII es juzgado y condenado in absentia por las Cortes.
9 de diciembre: Las Cortes aprueban la Constitución.
1932
1 de enero: Asesinato de guardias civiles en Castilblanco.
5 de enero: Choque de obreros y Guardia Civil en Arnedo
20-27 de enero: Levantamientos en la cuenca del Llobregat. Huelgas generales
patrocinadas por la CNT. Aprobación de la Ley de Divorcio. Secularización
de los cementerios.
24 de enero: Disolución de la Compañía de Jesús
y confiscación de sus bienes.
10 de agosto: Sublevación fracasada del general Sanjurjo en Sevilla y
de generales monárquicos en Madrid.
9 de septiembre: Las Cortes aprueban el Estatuto de Catalunya.
15 de septiembre: Las Cortes aprueban la Ley de Reforma Agraria.
1933
enero: Motines anarquistas en Catalunya y en Casas Viejas (Cádiz). La
brutal represión en Casas Viejas provoca una dura oposición al
Gobierno.
2 de junio: Ley de Congregaciones Religiosas (establece el cese de la actividad
docente de la Iglesia al comienzo del curso 1933-34)
5 de noviembre: Referéndum sobre el Estatuto vasco.
19 de noviembre: Elecciones generales. Vencen las derechas.
1934
febrero: Fundación de la Alianza Obrera.
3 de marzo: Huelga general de cuatro semanas en Zaragoza organizada por Durruti.
abril: Ocupación de Ifni. Ley de Haberes del Clero.
25 de abril: Crisis por la amnistía de Sanjurjo.
5-11 de junio: Huelgas campesinas en Andalucía y Extremadura. Detención
de diputados socialistas.
5 de octubre: La UGT llama a la huelga general.
6 de octubre: Sublevación de Asturias. Declaración del Estado
de Guerra. El Gobierno envía tropas de la Legión Extranjera para
reprimir la comuna asturiana. Companys -sucesor de Macià- proclama en
Barcelona la "República Catalana dentro de la Federación
Española"
7 de octubre: Fracasa el levantamiento en Catalunya. La Generalitat y el Estatuto
quedan en suspenso. Detenidos los miembros del Consejo de la Generalitat.
1935
13 de marzo: Llamada a la unidad de las izquierdas.
20 de diciembre: El PSOE acepta formar coalición con Izquierda Republicana.
1936
15 de enero: Pacto y plataforma del Frente Popular.
22 de febrero: Amnistía para los presos políticos.
23 de febrero: Suspensión del pago de rentas por los arrendatarios agrícolas
de Andalucía y Extremadura.
26 de febrero: Restauración de la Generalitat y del gobierno Companys
en Catalunya. Franco es enviado a Canarias.
15 de marzo: La Falange es declarada ilegal y José Antonio es detenido.
El Ejército da un ultimátum a Azaña sobre los desórdenes.
16 de marzo: Decreto que confisca los latifundios devueltos en Andalucía.
1 de junio: Huelgas de la construcción y de los electricistas y ascensoristas
en Madrid.
10-15 de junio: Enfrentamientos sindicales en Málaga y Cádiz.
16 de junio: Discursos en las Cortes de Calvo Sotelo y Gil Robles sobre los
desórdenes.
13 de julio: Asesinato de Calvo Sotelo en Madrid.
17-20 de julio: Pronunciamientos contra la República en Marruecos y la
Península.
Así ocurrieron los hechos
Llegada de la II República: fin de la monarquía
borbónica
(Apuntes históricos elaborados a partir del libro: "La España
del siglo XX" de M. Tuñón de Lara -Editorial Laia, 3a. edición,
junio 1.978-, de último capítulo del tomo I y del inicio del tomo
II).
A fines de enero de 1.930 cayó la dictadura de Primo de Rivera bajo la
presión de una movilización estudiantil continuada, la recomposición
del movimiento obrero que se rehacía de los años de represión
sangrienta y los desastres de la campaña de Marruecos, todo ello con
el trasfondo internacional del crak del 29. El desgaste de Primo de Rivera era
evidente y los propios militares y el Rey le terminaron retirando el apoyo.
El general Berenguer formó gobierno a principios de febrero del 30. La
composición del mismo se decidió en una reunión entre el
Duque de Alba, Cambó, Maura y el general Berenguer, todo un resumen de
los intereses que defendía la Monarquía: la aristocracia, el dinero
y el ejército. El nuevo gobierno decretó la amnistía general,
reconoció algunos partidos y anunció elecciones en un intento
de salvar el régimen monárquico.
Pero los primeros meses del año 30 conocieron un ascenso de las movilizaciones
estudiantiles (FUE) en Madrid con la llegada de Unamuno y se extendió
la huelga por las Universidades del resto del Estado, pero también está
en escena el movimiento obrero: se recompone la UGT y la CNT, crecen las huelgas
desde las fábricas en Bilbao, en las minas, en sectores del campo en
Sevilla o Málaga.
Algunos sectores de la burguesía advierten que ya no es posible seguir
sosteniendo la Monarquía sin poner en peligro el fondo y preparan un
recambio republicano. En mayo del 30 se constituyó la Derecha Liberal
Republicana (Alcalá Zamora), uniéndose a los partidos ya existentes:
Acción Republicana (Azaña), la Alianza Republicana (Lerroux) constituída
cuatro años antes, y el Partido Radical-Socialista. El 17 de agosto,
en el Círculo Republicano de San Sebastián, se firmó el
Pacto de San Sebastián entre los partidos de la burguesía y los
nacionalistas, y se determinó un plan para el advenimiento de la República.
Se trataba también de incorporar en el plan al PSOE, la UGT y la CNT.
El acuerdo del PSOE y la UGT es el de apoyar con la huelga el pronunciamiento
militar republicano, más tarde aceptaron tener tres ministros socialistas
en el primer gobierno de la República. La CNT se integró en el
movimiento en noviembre.
Creció el movimiento antimonárquico: mitin en la Plaza de Toros
de Madrid el 27 de septiembre al que llegaron trenes y autobuses de todas las
provincias. En la tribuna, como ocurriría el mes siguiente en Valencia,
no había ningún dirigente de organizaciones obreras, pero el crecimiento
del número de huelgas era imparable. En noviembre más de 250.000
trabajadores estaban en huelga, hubo enfrentamientos con la policía y
varios muertos. En Octubre se constituyó un Gobierno Provisional de la
República y preparó un alzamiento para el 15 de diciembre. El
capitán F. Galán se anticipó tres días y proclamó
la República en su guarnición de Jaca el día 12; su fracaso
provocó la detención de algunos miembros del Gobierno Provisional
y el fusilamiento inmediato de la dirección militar de esta acción.
El día 15 la aviación de Madrid inició de nuevo el movimiento,
pero sin que estallara la huelga general comprometida por la UGT: las tropas
gubernamentales sofocaron la rebelión. En el resto de las ciudades importantes
la huelga saltó a veces con caracteres insurreccionales, fue proclamada
la República en un buen número de pueblos, el Gobierno declaró
el estado de guerra, ilegalizó la CNT... pero estaba tocado.
En enero del 31, aún vigente el estado de guerra, el Gobierno anunció
la convocatoria de elecciones legislativas para el 1 de marzo y de senadores
para el 15. Retomó fuerza la agitación estudiantil, mientras el
movimiento republicano se pronunció por la abstención a las mismas,
la UGT se sumó a la abstención a principios de febrero. El 14
de febrero se dió por fracasado el proyecto: Berenguer suspendió
las elecciones y dimitió.
El día 18 se constituyó un nuevo Gobierno formado por la oligarquía
financiera -incluído el apoyo de la catalana (Cambó y la Lliga)
y la vasca- que se mantenía junto al trono temerosa de un estallido revolucionario.
Junto al rey también quedaba la vieja y rancia nobleza. Realmente toda
la gran burguesía estuvo hasta el final apoyando la Monarquía,
incluso las finanzas internacionales -impulsadas por el Financial Times- hicieron
lo posible negociando un último crédito para ayudar a la Monarquía.
El nuevo Gobierno, presidido por el Almirante Aznar, volvió a abrir las
Universidades y convocó elecciones municipales para el 12 de abril, provinciales
para el 3 de mayo y legislativas para junio. Al mismo tiempo el Gobierno Provisional
Republicano se refuerza, el PSOE afianza sus ligámenes con los republicanos,
en Catalunya se funda ERC bajo la presidencia de Macià. Las movilizaciones
por la amnistía de los procesados por los levantamientos republicanos
y por pertenencia al Gobierno Provisional Republicano consiguen la libertad
a los procesados. La exigencia de amnistía era un grito por la República.
A las cargas policiales siguieron mayores manifestaciones.
En este ambiente de movilizaciones populares se preparan las elecciones: de
un lado la coalición republicano-socialista, del otro el frente monárquico.
La Monarquía está convencida de ganar las elecciones a excepción
de Madrid, Sevilla y Valencia. Pero el resultado de las elecciones del 12 de
abril dió la victoria aplastante en las grandes ciudades a la coalición
republicano-socialista. Al día siguiente, miles de manifestantes salieron
a las calles para aclamar la República. Eibar proclamó la República
a las siete de la mañana del día 14, a la una de la tarde lo hacía
Companys desde el Ayuntamiento de Barcelona, media hora más tarde era
Macià quien proclamaba la República catalana "como Estado
integrante de la Federación ibérica". Por la noche la multitud
abrió las cárceles. En Madrid miles de personas ocupan las calles,
hay cargas y heridos, lo mismo ocurrió en Valencia, Zaragoza,...
1931
El presidente Macià proclamó la República Catalana y durante
unos días Catalunya vivió independiente de la autoridad del gobierno
español, pero tres representantes del gobierno provisional se trasladaron
a Barcelona a parlamentar y el día 17 Macià renunciaba a la anterior
proclama republicana y aceptaba la creación de la Generalitat y la redacción
de un Estatuto.
1934
La Alianza Obrera decretó una huelga general en Catalunya frente al estdo
de guerra declarado por el gobierno de Lerroux; fue entonces cuando el presidente
Companys decretó el "Estado Catalán dentro de la República
Federal Española".
El Estado Catalán duró diez horas porque el ejército ocupó
los puntos neurálgicos de Barcelona.
Bando de F. Macià proclamando la República
catalana
"Catalanes: Interpretando el sentimiento y los anhelos del pueblo que acaba
de dar su sufragio, proclamo la República Catalana como Estado integrante
de la Federación ibérica. De acuerdo con el presidente de la República
federal española, señor don Niceto Alcalá Zamora, (...),
me hago cargo provisionalmente de las funciones de presidente del Gobierno de
Catalunya, esperando que el pueblo español y el catalán expresarán
cuál es en estos momentos su voluntad. (...). Al proclamar nuestra República,
hacemos llegar nuestra voz a todos los pueblos de España y del mundo,
pidiéndoles que estén espiritualmente a nuestro lado y frente
a la monarquía borbónica que hemos derrocado, (...). Por Catalunya,
por los demás pueblos hermanos de España, por la fraternidad de
todos los hombres y de todos los pueblos, sabed haceros dignos de Catalunya.
Barcelona, 14 de abril de 1931. El presidente, Francesc Macià,"
La perspicacia de Trotsky en 1931
Estractos de "La revolución española"
de Trotsky (pág 69 -95)
"La cadena del capitalismo se ve de nuevo amenazada con romperse por su
eslabón más débil: le ha llegado el turno a España.
El movimiento revolucionario se desarrolla en este país con tal fuerza
que priva de antemano a la reacción mundial de la posibilidad de creer
en el restablecimiento del orden en la península ibérica. (...)
El retraso del desarrollo económico de España ha debilitado inevitablemente
las tendencias centralistas inherentes al capitalismo. (...)
..., el sistema estatal de España puede ser calificado de "absolutismo
limitado por pronunciamientos periódicos". Alfonso XIII personifica
muy bien este sistema,
(...) El catolicismo sigue siendo hasta nuestros días la religión
del estado (...). El estado derrocha cada año muchos millones de pesetas
para la Iglesia.
(...) Formando aún hoy el 70% de la población, el campesinado
soporta sobre sus espaldas todo el peso del edificio del estado.
(...) (El ejército) Se ha convertido no sólo en el apoyo de la
monarquía, sino también en el organizador del descontento de todas
las fracciones de las clases dominantes y, ante todo, de su propio descontento;
(...)
(...) La monarquía española, no hallando apoyo estable en ninguna
de las clases poseedoras -aunque todas hayan tenido necesidad de ella- cayó
más de una vez bajo la dependencia de su propio ejército. (...)
El terrible Primo de Rivera cayó sin siquiera un nuevo pronunciamiento:
sencillamente se deshinchó, como un neumático que tropieza con
un clavo.
(...) A nivel de su dirección, los republicanos españoles se distinguen
por un programa social extremadamente conservador: su ideal lo ven en la Francia
reaccionaria de hoy, creyendo que con la república vendrá la riqueza;
(...) su miedo ante las masas es mayor que su odio a la monarquía. (...)
Seis años de dictadura de Primo de Rivera nivelaron y comprimieron todas
las formas de descontento e indignación.
(...) Los derechos arancelarios demasiado elevados han provocado un alza de
precios, que ha disminuido el poder de compra, ya reducido, del pueblo. (...)
Pero el desarrollo industrial ha puesto en pie y ha reforzado al proletariado.
Sobre una población de 23 millones de habitantes (...) hay que contar
cerca de un millón y medio de obreros empleados en la industria, en el
comercio y en los transportes. A ellos hay que añadir una cifra aproximadamente
igual de obreros agrícolas. (...) La aparición en la arena de
la historia del proletariado español cambia radicalmente la situación
y abre nuevas perspectivas. (...)
La consigna de República es también, ni qué decir tiene,
una consigna del proletariado. Sin embargo, para él, no se trata simplemente
de reemplazar el rey por un presidente, sino de liberar radicalmente toda la
sociedad de las inmundicias del feudalismo. Aquí ocupa un primer plano
la cuestión agraria.
(...) La miseria de los campesinos, sobre todo en Andalucía y Castilla,
el yugo de los terratenientes, de las autoridades y de los caciques, han llevado
ya más de una vez a los obreros agrícolas y al campesinado pobre
a manifestar abiertamente su indignación. (...)
La falta de tierra y de agua, la esclavitud mediante el arriendo, plantea netamente
el problema de la confiscación de las grandes propiedades agrarias privadas
en beneficio del campesinado pobre. (...)
La dominación del clero y las riquezas de la Iglesia determinan una tarea
democrática: separar la Iglesia del Estado y desarmarla entregando sus
riquezas al pueblo. (...)
Las tendencias separatistas plantean a la revolución la tarea democrática
de la libre autodeterminación nacional. (...). Pero, mientras que el
"separatismo" de la burguesía catalana no es para ella -en
su juego con el gobierno de Madrid- más que un instrumento contra el
pueblo catalán y español, el separatismo de los obreros y campesinos
es la envoltura de su indignación social. Hay que establecer una distinción
rigurosa entre estos dos géneros de separatismo. (...) Los obreros defenderán
hasta el final el derecho de los catalanes y vascos a organizar su vida nacional
independiente, en el caso de que la mayoría de estos pueblos se pronunciase
por una separación completa. Ello no quiere decir, sin embargo, que los
obreros avanzados empujarán a los catalanes y vascos hacia la independencia.
Por el contrario, la unidad económica del país con una amplia
autonomía de las regiones nacionales, presentaría para los obreros
y campesinos grandes ventajas desde el punto de vista económico y cultural.
(...) ¿Puede esperarse que la revolución española saltará
por encima de la etapa del parlamentarismo? Teóricamente, no está
excluido. (...) Pero tal perspectiva es poco probable. El proletariado español,
a pesar de su brillante combatividad, no posee todavía un partido revolucionario
reconocido por él,...
(...), incluso si boicotean la Cortes de Berenguer, los obreros avanzados deberían
oponer a las mismas la consigna de Cortes Constituyentes revolucionarias. (...)
Una verdadera asamblea constituyente no puede ser convocada más que por
un gobierno revolucionario, como resultado de un levantamiento victorioso de
los obreros, soldados y campesinos. (...) Antes de conquistar el poder, las
masas populares deben agruparse alrededor de un partido revolucionario dirigente.
La lucha por la representación a las Cortes en una u otra etapa de la
revolución puede facilitar considerablemente la solución de esta
tarea.
(...) Oponer crudamente la consigna de la dictadura del proletariado a las tareas
históricas que impulsan hoy a las masas hacia la senda de la insurrección,
significaría reemplazar la comprensión marxista de la revolución
social por una comprensión bakunista. Sería el mejor medio de
perder la revolución. (..)
Para que una fórmula teórica correctamente concebida se convierta
en un hecho histórico vivo, hay que hacerla penetrar en la conciencia
de las masas por medio de su experiencia, de sus necesidades, de sus exigencias.
Para ello, no hay que dispersar la atención de las masas, sino reducir
el programa de la revolución a un número reducido de consignas
claras y simples y cambiarlas según la dinámica de la lucha. En
esto consiste la política revolucionaria.
(...), la dirección de la Internacional Comunista ha comenzado por no
tomar conciencia de los acontecimientos que se desarrollaban en España.
(...)
La ola sin freno de huelgas que conducen al sacrificio y a la derrota, o que
acaban sin resultados, es una de las etapas inevitables de la revolución:
es el período del despertar de las masas, de su movilización y
de su entrada en la lucha. (...)
Sin embargo, lo que constituye en la etapa actual la fuerza del movimiento,
su espontaneidad, puede convertirse mañana en su debilidad. Admitir que
el movimiento pueda continuar abandonado a su propia suerte, sin programa claro,
sin dirección, equivaldría a admitir una perspectiva sin esperanza.
(...). Los republicanos españoles, lo hemos dicho, están fundamentalmente
ligados a las actuales relaciones de propiedad. No se puede esperar de ellos
ni la expropiación de la gran propiedad terrateniente, ni la liquidación
de la situación privilegiada de la Iglesia católica, ni la depuración
radical (...) de la burocracia civil y militar. La camarilla monárquica
sería reemplazada simplemente por una camarilla republicana y asistiríamos
a una nueva edición de la efímera y estéril república
de 1873-1874.
El que los jefes socialistas se arrastren detrás de los republicanos
es completamente normal. Ayer, la socialdemocracia apoyaba con su hombro derecho
a la dictadura de Primo de Rivera. Hoy, apoya con el hombro izquierdo a los
republicanos. (...) A este precio, no rehusarían, a falta de algo mejor,
a colaborar incluso con la monarquía. (...)
La Confederación Nacional del Trabajo reúne sin duda alguna a
los elementos más combativos del proletariado (...)
..., no podemos hacernos ilusiones en cuanto a la suerte del anarcosindicalismo
como doctrina y métodos revolucionarios. Por la ausencia de programa
revolucionario y la incomprensión del papel del partido, el anarcosindicalismo
desarma al proletariado. Los anarquistas "niegan" la política
hasta el momento en que ésta les coge por el pescuezo: entonces dejan
el sitio libre a la política de la clase enemiga. (...)
..., el proletariado tiene necesidad desde ahora de una organización
que se levante por encima de todas las divisiones políticas, nacionales,
provinciales y profesionales que existen en sus filas, de una organización
que corresponda al impulso de la lucha revolucionaria actual. (...)
(...) La palabra "junta" estrechamente ligada a toda la historia revolucionaria
española, expresa de un modo insuperable esta idea. (...)
..., la creación de las juntas presupone la participación de los
comunistas, los anarcosindicalistas, los socialdemócratas y de los dirigentes
sin partido de las luchas huelguísticas. (...)
24 de enero de 1931
Boletín de la Oposición, nº. 19, marzo 1931, que debía servir en España de manifiesto para la construcción de la Oposición bajo forma organizada.
Cinco años de Dictadura de Primo de Rivera fueron suficientes para levantar
un clamor popular que aconsejó al Rey sustituirle por Gobiernos "aperturistas":
el de Berenguer y el de Aznar. Pero estas maniobras no pudieron salvar a la
Monarquía. A la desesperada, el gobierno convocó elecciones municipales
el 12 de abril de 1.931. Las candidaturas republicano-socialistas derrotaron
en las grandes ciudades a las monárquicas. Las movilizaciones por la
República que siguieron obligaron al Rey a marchar al exilio.
En el trasfondo de la caída de la Monarquía estaban las ansias
de libertad de los trabajadores y el pueblo por acabar con la represión,
la necesidad de la Reforma Agraria, de tomar las tierras de los terratenientes
para paliar el hambre y la miseria en el sur, la lucha por los derechos nacionales
negados por la Monarquía, su papel imperialista y sangriento en su dominación
de Marruecos, el enorme poder y privilegios que acumulaba la Iglesia católica...
El nieto de Alfonso XIII, Juan Carlos I, también llegó de la mano
una dictadura más larga y sangrienta que la de Primo de Rivera: la de
Franco, quien nos dejó atados y bien atados a la Monarquía; quien
educó a Juan Carlos y lo nombró heredero en la Ley de Sucesión.
Contra Franco también se levantó un poderoso movimiento de trabajadores,
de la juventud y de los pueblos que puso al régimen contra las cuerdas
a principios de los 70. De nuevo los derechos democráticos tuvieron un
papel preponderante, junto a las reivindicaciones del movimiento obrero. También
el régimen agonizante sacó sus maquillajes "aperturistas"
(Arias Navarro, el espíritu del 12 de febrero, ... Suárez), pero
esta vez no ocurrió lo mismo que en 1931. El PCE y el PSOE -los grandes
partidos de los trabajadores- pactaron la "Reforma" del régimen
con la Monarquía y el franquismo, y evitaron la "Ruptura" democrática
con el mismo, es decir, la República. Así vendieron las ansias
de libertad de los trabajadores. Ni siquiera permitieron al pueblo elegir entre
Monarquía o República. Bajo la amenaza de la regresión
y el voto del miedo se impuso la Constitución, aún así,
Euskadi la rechazó.
La maniobra del franquismo para cambiar lo inevitable pero preservando lo que
le era esencial fue un éxito, y logró restaurar la Monarquía.
Ésta mezcló los nuevos elementos democráticos impuestos
en la calle (legalización de partidos y sindicatos,...) con los viejos
pilares del régimen franquista: el poder de la Iglesia católica,
el de los militares, el de los terratenientes fusionados con el capital financiero,
la unidad de la patria, su papel imperialista de segundo orden... los cuales,
agravados por casi 50 años de franquismo, son la causa de que perduren
hoy los viejos problemas democráticos por los que cayó Alfonso
XIII en 1.931 y que la II República no llegó a resolver.
Bajo esta reconversión del PSOE, de republicano a monárquico,
hemos visto los más formidables cambios en lo que decían y hacían
los Gobiernos González: del NO a la OTAN se pasó al sí
que pedían los militares y exigía la Corona; del derecho de autodeterminación
de los pueblos y la lucha contra la represión policial se pasó
a la LOAPA y a los GAL; del odio a los fuerzas represivas franquistas se pasó
a descubrir la Guardia Civil y la Ley Corcuera; de la ruptura con la Iglesia
se pasó a aplicar el Concordato de la UCD, a sostenerla directa e indirectamente
(subvenciones a los centros de enseñanza y sanidad religiosos...); de
exigir la Reforma Agraria se pasó a enviar a la Guardia Civil contra
las ocupaciones de tierras y a tapar la boca con la miseria del PER; y ya no
digamos la renuncia a toda medida económica al servicio de los trabajadores,
puesto que de todas aquellas palabras de los 70 sólo queda paro, reconversiones,
privatizaciones, empleo precario, Reforma Laboral...
El PCE, en la transición, fue el primero en reconocer la bandera monárquica-franquista.
Más tarde, con Izquierda Unida, intentó escapar al fracaso del
estalinismo, pero no hizo sino seguir la estela de la socialdemocracia, acogiéndose
a todas aquellas medidas de Reforma del capitalismo que, por imposibles, el
PSOE iba desechando en su labor de Gobierno, y ¡cómo no! defendiendo
la Constitución y queriendo ser más monárquico que nadie.
Ahí está en el Pacto de Ajuria Enea en apoyo de la represión,
ahí está queriendo reformar la ONU o la UE, dos centros de poder
del capitalismo...
En sus transformaciones, estos dos grandes partidos fueron dejando la mayor
parte de sus bases de trabajadores y jóvenes. El PCE hoy sólo
es la sombra de lo que fue en los 70, el PSOE se ha convertido en un aparato
electoral. En vista de todo lo sucedido, ¿no es hora de que aquellos
militantes del PSOE o del PCE que creyeron que aquel era el único camino
posible reflexionen y luchen al lado de las fuerzas que seguimos impulsando
la lucha por la República y el Socialismo?
No deja de ser una ironía de la historia que, 65 años después,
los nietos de Alfonso XIII y de Juan Bautista Aznar presidan las mismas instituciones
que sus ancestros.
En estas seis décadas y media los problemas estructurales que provocaron
la caída de la monarquía siguen estando pendientes de resolución.
Las clases dirigentes fueron siempre incapaces de gobernar en su propio nombre.
El atraso económico "debilitó las tendencias centralistas
inherentes al capitalismo" decía Trotsky. Una y otra vez los diferentes
sectores burgueses han recurrido a un árbitro que, sable en mano, pusiera
orden elevándose por encima de los diferentes clanes burgueses.
Incapaces de acometer ni una sola de las tareas de las viejas revoluciones burguesas,
y desunidos, los diversos sectores de la burguesía arrastran los problemas
estructurales del país y se aferran al árbitro, a la monarquía,
para preservar así su sistema capitalista.
El actual régimen que preside Juan Carlos I no representa la "modernidad"
sino el atraso; no es un régimen democrático burgués, sino
un absolutismo senil obligado a hacer concesiones democráticas parciales
para preservar el corazón de las viejas instituciones.
Han pasado 65 años y la Reforma Agraria, la autodeterminación
de las nacionalidades, el atraso industrial, la separación de Iglesia
y Estado y el problema colonial marroquí siguen siendo tareas pendientes
de resolución.
La lucha por la República sigue vigente.
Mientras los dirigentes de PSOE, IU, CCOO y UGT hablan de "progreso y modernidad
de la izquierda" y se arrodillan ante la Corona, nuestro partido -el PRT-
luchamos por la República y contra la Monarquía, porque los principales
argumentos por los que nuestros abuelos lucharon hoy siguen teniendo validez:
* La Monarquía -continuadora del franquismo- es sinónimo de centralismo
y represión contra los pueblos, de GAL y guerra sucia. Queremos una República
que acabe con la represión y el terrorismo del Estado. Una República
de repúblicas. Que garantice el derecho de autodeterminación de
las naciones. Estamos por la República vasca, catalana y gallega, porque
la república tiene que ser una unidad libre de pueblos libres.
* La Monarquía es garantía de miseria para el campo del sur. Queremos
una República que acabe con los grandes terratenientes en Andalucía
y Extremadura, reorganizando las tierras bajo el control de los jornaleros.
* La Monarquía asegura un lugar privilegiado para la Iglesia católica.
Queremos una República que separe definitivamente la Iglesia del Estado,
acabando con la financiación directa e indirecta a la Iglesia, defendiendo
el derecho a una escuela y una sanidad públicas y de calidad.
* La Monarquía hace pervivir el núcleo del viejo aparato de Estado
franquista. Queremos una República que profundice la democracia, disolviendo
la Guardia Civil y demás cuerpos represivos.
* La Monarquía sostiene los restos del imperio y al mismo tiempo asegura
la subordinación del Estado español al imperialismo norteamericano.
Queremos una República que devuelva Ceuta y Melilla a Marruecos. Que
asegure la independencia del imperialismo saliendo de la OTAN.
¡Es necesaria la abolición de la Monarquía!¡Es necesaria
la República!.
Pero si miramos las limitaciones de la II República veremos que, siendo
un enorme paso adelante respecto a la Monarquía, no fue suficiente para
resolver efectivamente estos problemas, y sólo las acciones revolucionarias
-durante la guerra civil- destinadas a convertir aquella República en
una República Obrera -de los trabajadores- podían efectivamente
resolver las necesidades de toda la población.